Esta semana rompe con la rutina; el lunes ya no es un lunes cualquiera, es el día del pijama, o el día del pelo de colores, o de los calcetines a rallas. Cuanto más llamativo e irreberente, ¡más divertido! Este es el momento, es Carnaval.
Hay muchos temas a tratar a raíz de esta fiesta; las artes plásticas y manualidades, el ecologismo al crear disfraces con materiales de desecho, el valor de la sociedad al trabajar en equipo y formar una comparsa, pero en este post, abordaremos un enfoque emocional y moral.Tanto niños como adultos vivimos en un mundo altamente estructurado, en ambientes, tiempos, convenciones sociales, normas; lo cual nos permite vivir en sociedad, y gracias a que es predecible y conocido, nos ofrece seguridad. Pero, por la misma, en más de una ocasión llegamos a aborrecerlo.
Saber encontrar momentos en nuestro día a día, y en el año, para salirnos de todas estas restricciones, es necesario para poder entenderlas, aceptarlas y respetarlas el resto del tiempo. Carnaval es el ejemplo de esta ocasión. Parecerá una nimedad, pero es tan importante saber disfrutar de estas pequeñas acciones de transgresión, como lo es el adecuarse a las normas en todos los demás contextos.
¿Cualquier día puedes ir en tutú y patines al colegio o al trabajo? No, pero en Carnaval sí. Y durante ese día, veremos qué tan cómodo y práctico es, y seguramente decidiremos que con un día de tutú ya tenemos suficiente; ya nos hemos quitado la espinita.
Precisamente, el poder sobrepasar un límite o norma social establecida, señala el reconocimiento de la misma. ¡Por eso es divertido! Hacer algo que SABEMOS no está permitido o se sale de lo habitual, nos genera nerviosismo e inquietud, y esta puede ser liberada como risa, manifestando alegría y diversión, o con retraímiento, desde la vergüenza e incluso la culpa.
Como ya comentamos en un post anterior, alrededor de los 2 años las pesonas empezamos a comprender que somos un ser individual del resto, y, de algún modo, descubrimos lo que supone ser nosotros mismos, tanto cuando acertamos como cuando erramos. Así empezando a definir nuestro autoconcepto: lo que pensamos que somos, y posteriormente, aplicándole un juicio, formando la autoestima, la valoración sobre lo que pensamos que somos, muy influenciada por los demás.
Carnaval es el contexto para jugar con la propia imagen, el autoconcepto y las normas, por ende, puede influir mucho en la autoestima y en la construcción de la identidad.Los niños también disfrutan de disfrazarse, no solo porque les permite encarnar sus personajes favoritos, profesionales o ídolos admirados, sino porque, con ello, desarrollan su personalidad. Cuanto más libre de "normas", más personal y significativa es la experiencia.
Disfrazarnos por completo o sólo jugando con una máscara, alteramos nuestro aspecto, permitiéndonos, a partir de lo visible, adoptar comprotamientos distintos a los habituales. Es decir, experimentar con una "forma de ser" distinta, que no es la que predomina normalmente, o la que no permitimos salir a la luz.
Por supuesto, no siempre ni para todo el mundo es fácil pasar por encima de la rutina (que da seguridad), las normas o expectativas sociales. De hecho, muchas personas (niños y adultos) no soportan disfrazarse. Cualquier tipo de cambio en su aspecto o el de los demás que dificulte su reconocimiento, o hacer algo que consideran una transgresión, les provoca demasiada inseguridad, miedo o vergüenza, que puede no transcender más allá de ese momento, o puede provocar insatisfacción y cupla por no ser capaces de adaptarse a ese contexto igual que los demás.
Es importante saber acompañar estas emociones en los niños, así como ayudarles a "vencer" esa sensación de ridículo, haciendo una valoración menos exigente de sí mismos de cara al futuro: "¡No haces el rídiculo si llevas una máscara hoy! Porque hoy es el día en que (se ha acordado) se puede hacer." Este mensaje un día de carnaval, puede traducirse a cualquier otro día en "No eres peor persona por haberte equivocado, porque todo el mundo se equivoca a veces."Está bien enseñar qué es lo que toca y lo que es correcto, pero es igual de importante permitir momentos de duda, de ensayo y juego. Como adultos, somos un referente, así que dejemos las vergüenzas por unos días al año, ¡Y a disfrutar! ¡Feliz Carnaval!
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